Energía, protección celular y salud cardiovascular
Cuando hablamos de coenzima Q10 solemos relacionarla con la energía, el cansancio o determinados complementos nutricionales. Sin embargo, su papel biológico es mucho más amplio: conecta la producción de energía con la protección de las membranas, el equilibrio oxidativo y el funcionamiento cardiovascular.
Esta visión fue desarrollada por el Dr. Plácido Navas Lloret, catedrático de la Universidad Pablo de Olavide e investigador del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo de Sevilla, durante su intervención en el X Seminario sobre Nutrición, organizado por 100% Natural en Barcelona. Su ponencia, titulada La ciencia detrás de este nutriente universal presente en las mitocondrias de todo nuestro cuerpo, repasó algunos de los avances producidos durante la última década en torno a la coenzima Q10, la salud cardiovascular y el envejecimiento.
Una molécula que transporta electrones
La coenzima Q10, también conocida como CoQ10, es una molécula liposoluble que nuestro organismo fabrica de manera natural. Se encuentra integrada en las membranas celulares y, de forma especialmente relevante, en la membrana interna de las mitocondrias.
Su función más conocida consiste en transportar electrones dentro de la cadena respiratoria mitocondrial. Este movimiento de electrones permite generar el gradiente necesario para producir ATP, la molécula que las células utilizan como fuente inmediata de energía.
Pero la CoQ10 no interviene únicamente en el metabolismo de la glucosa. También recibe electrones procedentes de la oxidación de los ácidos grasos y de otras rutas metabólicas. Por eso puede entenderse como un auténtico punto de encuentro: si su disponibilidad o su funcionamiento se alteran, no queda afectada una única reacción, sino toda una red de procesos celulares.
Esta función resulta especialmente importante en los tejidos con una elevada demanda energética, como el corazón, el cerebro, el hígado, los riñones o el músculo.
Ubiquinona, ubiquinol y semiquinona
La coenzima Q10 puede adoptar diferentes estados según los electrones que transporte:
- Ubiquinona: forma oxidada.
- Ubiquinol: forma completamente reducida y con capacidad antioxidante.
- Semiquinona: estado intermedio, transitorio y muy reactivo.
Esta capacidad para aceptar y ceder electrones explica por qué la CoQ10 participa tanto en la producción de energía como en la regulación del equilibrio oxidativo.
La semiquinona, por ejemplo, puede reaccionar rápidamente con otras moléculas cercanas. Esta reactividad no es positiva o negativa por sí misma: su efecto depende del contexto celular y de que el intercambio de electrones se produzca de manera ordenada.
Una red de protección para las membranas
Las membranas celulares están formadas en buena medida por lípidos y son vulnerables a la oxidación. Cuando esta oxidación se propaga, puede alterar la comunicación celular, la producción energética y la integridad de los tejidos.
En estas membranas, la CoQ10 trabaja junto con otros antioxidantes, especialmente la vitamina E. Cuando la vitamina E neutraliza un radical libre, queda oxidada y necesita recuperar electrones para volver a ser funcional. La CoQ10 reducida puede participar en su regeneración.
En este sistema también intervienen enzimas como la citocromo b5 reductasa 3 (CYB5R3) y la NQO1, que ayudan a mantener la coenzima Q en su forma reducida. Un estudio experimental publicado en The Journal of Clinical Investigation observó que la pérdida de CYB5R3 en los cardiomiocitos de ratones alteraba la regulación de la CoQ, aumentaba el estrés oxidativo, reducía la producción de ATP y provocaba graves alteraciones cardíacas. Son resultados experimentales y no pueden trasladarse directamente a una recomendación clínica, pero ayudan a comprender la importancia de esta red redox para el corazón.
La conexión con la ferroptosis
Uno de los avances científicos destacados por el Dr. Navas es la relación entre la CoQ10 y la ferroptosis, una forma de muerte celular regulada vinculada al hierro y a la oxidación de los lípidos de las membranas.
En 2019 se identificó una vía defensiva formada por la proteína FSP1, la CoQ10 y el NAD(P)H. FSP1 regenera la forma reducida de la CoQ10, y el ubiquinol resultante puede frenar la propagación de la peroxidación lipídica. Esta vía trabaja en paralelo con el sistema formado por el glutatión y la enzima GPX4.
Este descubrimiento amplió considerablemente la visión de la CoQ10: dejó de contemplarse únicamente como una pieza de la cadena respiratoria para pasar a considerarse también parte de un sistema de protección frente al daño de las membranas.
No obstante, es importante diferenciar los niveles de evidencia. Que la CoQ10 participe en un mecanismo celular contra la ferroptosis no demuestra que tomar un suplemento prevenga por sí solo enfermedades relacionadas con este proceso.
El corazón y los vasos forman un sistema
Otro mensaje importante de la ponencia es que la salud cardiovascular no depende únicamente del músculo cardíaco.
El corazón necesita producir energía de manera continua para mantener su contracción, pero esa sangre debe circular por una extensa red de arterias, venas y capilares. La salud del endotelio —la capa interna de los vasos sanguíneos— también resulta fundamental.
La CoQ10 podría intervenir en ambos niveles:
- favoreciendo la producción energética del músculo cardíaco;
- contribuyendo al equilibrio oxidativo de las membranas;
- ayudando a proteger las lipoproteínas frente a la oxidación;
- y participando en sistemas redox relacionados con la función vascular.
Esta perspectiva invita a comprender el sistema cardiovascular como una red integrada que conecta metabolismo, mitocondrias, membranas, circulación y regulación celular.
¿Qué muestran los estudios clínicos?
Durante la ponencia se comentan dos investigaciones especialmente relevantes.
CoQ10 y selenio en población sueca
El estudio conocido como KiSel-10 incluyó a 443 personas mayores residentes en Suecia. Durante cuatro años recibieron una combinación diaria de 200 mg de CoQ10 y 200 μg de selenio, o bien un placebo.
Después de un seguimiento aproximado de cinco años, la mortalidad cardiovascular fue del 5,9 % en el grupo suplementado y del 12,6 % en el grupo placebo. También se observaron diferencias en el marcador cardíaco NT-proBNP.
Son resultados interesantes, pero deben interpretarse dentro de su contexto:
- se administraron CoQ10 y selenio conjuntamente;
- no es posible atribuir el resultado únicamente a una de las dos sustancias;
- la población estudiada era mayor y procedía de una región con niveles relativamente bajos de selenio;
- y los resultados no pueden extrapolarse automáticamente a personas más jóvenes o con un estado nutricional diferente.
CoQ10 en insuficiencia cardíaca
El ensayo Q-SYMBIO estudió a 420 pacientes con insuficiencia cardíaca moderada o grave. Los participantes recibieron 300 mg diarios de CoQ10 o placebo durante dos años, siempre como complemento del tratamiento médico habitual.
A corto plazo no se observaron diferencias significativas en los principales indicadores. Sin embargo, al finalizar los dos años, los eventos cardiovasculares adversos graves se produjeron en el 15 % del grupo tratado con CoQ10, frente al 26 % del grupo placebo. También se registraron diferencias en mortalidad cardiovascular, mortalidad total y hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca.
Este ensayo sugiere un posible beneficio en un grupo clínico concreto, pero no convierte la CoQ10 en un tratamiento universal ni sustituye la medicación indicada para la insuficiencia cardíaca.
Comprender antes de suplementar
Los mecanismos biológicos de la CoQ10 son sólidos y cada vez se conocen mejor. En cambio, la evidencia sobre la suplementación en personas sanas, prevención cardiovascular o determinadas enfermedades continúa siendo desigual.
El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa de Estados Unidos considera que los resultados globales sobre prevención cardiovascular e insuficiencia cardíaca todavía no son concluyentes. También advierte que la CoQ10 puede interactuar con medicamentos como la warfarina, la insulina y algunos tratamientos oncológicos.
Por tanto, conocer la importancia fisiológica de una sustancia no significa que todo el mundo necesite suplementarla. La edad, el estado de salud, la alimentación, la medicación, la capacidad de síntesis endógena y el objetivo clínico modifican completamente la valoración.
Una mirada integradora
La principal enseñanza de esta ponencia no es que exista una molécula capaz de resolver por sí sola los problemas energéticos o cardiovasculares. Su verdadero valor está en mostrarnos cómo funciona el organismo: mediante redes interdependientes.
La CoQ10 enlaza la energía mitocondrial con el metabolismo de los nutrientes, el estado de las membranas, la defensa antioxidante y la salud cardiovascular. Es un buen ejemplo de por qué no podemos comprender la biología separando el corazón, la mitocondria, el metabolismo y el entorno celular.
En Salud en Marcha defendemos precisamente esta mirada: comprender primero los mecanismos, interpretar la evidencia con sentido crítico y convertir el conocimiento en decisiones individualizadas y coherentes.
Porque cuidar la salud no consiste en perseguir una molécula aislada, sino en favorecer el contexto en el que todo el sistema puede funcionar mejor.
Artículo divulgativo elaborado a partir de la ponencia del Dr. Plácido Navas Lloret en el X Seminario sobre Nutrición. Su contenido es informativo y no sustituye una valoración médica ni constituye una recomendación individual de suplementación.